Entro en mi blog y veo que mi último post lo escribí en octubre. Y encima prometiendo volver a escribir en breve. Toma ya. Me recuerda a un artículo de Larra, muy recomendable y que leí hace tiempo en el que la primera frase es la siguiente: “Gran persona debió de ser el primero que llamó pecado mortal a la pereza.”

El caso es que han pasado tantas cosas en mi vida desde entonces que si me pusiera a escribirlas no acababa en dos semanas. Lo fundamental es que me fui de vacaciones a Hong Kong y Filipinas y a la vuelta decidí dejar el trabajo. Lo dejé con tiempo suficiente como para buscar otro y no hacer ninguna faena a nadie. Aun así, me dió por tener otra enganchada con el “figurita” (mi antiguo jefe) que dejó de hablarme y me importó un huevo. Al cabo de una semana me compré un coche, por lo que mi madre me soltó un sermón que no se me ha ido de la cabeza: “¿Acabas de dejar el trabajo y te has comprado un coche? A ver si te echas una novia con más cabeza que tu.” Afortunadamente, una semana después conseguí trabajo en la misma empresa en la que trabajaba antes, OFENVAL. Además es un buen trabajo y bien pagado. No sé cómo me las arreglo para caer de pie, porque lo suyo en este caso hubiese sido meterse un hostión como un piano. Estaba dejando la empresa bajo el principio de “más vale comer poco y cagarlo a gusto” y me encuentro con un trabajo mejor y con el mismo sueldo. Estamos en la segunda semana de diciembre, tres semanas después de anunciar mi marcha. Ya está todo atado, pero aún me queda definir la fecha de salida. Eso no pasó hasta enero, cuando ya pude saber las fechas de la auditoria de AENOR y ponerme fecha de caducidad. Todo el tiempo que pasó hasta el 29 de febrero fue como vivir en el infierno.

Ahora ya estoy mucho mejor, duermo 7-8 horas diarias en vez de 4 ó 5 y vivo mucho más relajado a pesar de tener algo más de responsabilidad. Lo que me fastidia es la influencia que ha tenido en mi forma de ser y de ver las cosas el trabajo y la empresa en la que he estado los dos últimos años. Y lo jodido del asunto es que hay cosas que he hecho que ya no tienen solución. No pasa nada, como dice el amigo Joa: La vida se recuerda con el pasado, pero se vive con el futuro. Y ahora veo el futuro mucho más claro que hace unos meses, ahora no me importa lo que venga, no por resignación (como hace unos meses), sino porque tengo ganas de comérmelo.


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